Yolanda García Chef


 

 


Recuerdo un día especialmente —teníamos apenas pan duro, un poco de leche, huevo, azúcar y canela—, Era muy jovencita pero ya tenía el conocimiento para poder improvisar unas torrijas. Ver la sonrisa de los niños al probarlas me enseñó que, con casi nada, se puede hacer mucho; que a veces, la felicidad cabe en un trozo de pan y un gesto de cariño. Aquello selló en mí la certeza de que la cocina es un acto de amor y cualquier manjar por humilde y sencillo que parezca, merece toda dignidad y alabanza, siempre que esté elaborado con sabiduría y manos expertas.

A mi regreso, trabajé en Cosentino, en el Departamento Internacional y de Marketing, pero pronto sentí que necesitaba volver a crear con mis manos. Junto a mujeres de mi pueblo impulsé Cave Canem Arte en Piedra y Mosaico, un proyecto que unía arte, oficio y comunidad. Recibimos el Premio Joven Emprendedor de Almería (2004) y el Joven Emprendedor de Andalucía (2005), logros que siempre he sentido como un reconocimiento al esfuerzo colectivo.

Decidí después seguir el camino del fuego y el sabor, formalizando mi conocimiento en la Escuela de Hostelería de Mojácar. Tras mi formación académica trabajé en distintos restaurantes de alta gastronomía y Estrellas Michelin, hasta crear mi propio concepto: Gastroconciencia, una manera de mirar el mundo: cocinar desde el respeto, rescatar lo silvestre, reconciliar al ser humano con su entorno.

He compartido esta visión en lugares como el Basque Culinary Center o Madrid Fusión,Organic Food, Ecologicakok,  y colaborado con la Universidad de Almería en la investigación de plantas silvestres comestibles, devolviendo valor a esos sabores humildes que me acompañaron desde niña.

He participado en proyectos como Territorio Almeriense, Píldoras Medioambientales del Grupo Ecologista Mediterráneo, Líderes de Futuro de Cosentino, y soy miembro de ARCUA, Alvelal, Pescartes y la asociación Soy Especial y Qué.


He colaborado en proyectos internacionales en italia con programas erasmus para jovenes, embajada de España en Portugal, colaborado con Caparrós Nature y Biorrestauración Ecovalia, y he tenido la suerte de recibir el Premio Duna 2024 y el reconocimiento al mejor producto elaborado con aceite de oliva por mi creación Chocoesparto (2018).


También he sido chef del programa "Chef al Oído" en Canal Sur y colaborado en varias ediciones de la Feria Gastronómica Almanzora Gourmet.

Me sigue moviendo lo mismo que cuando era niña: la tierra, la mar, las plantas, el respeto por lo que nos sostiene.
Mi cocina nace del paisaje, de la memoria, de las manos de mis padres, Andrés e Isabel, que me enseñaron a escuchar la naturaleza antes de tocarla.

Y cada vez que cocino, vuelvo a ser aquella niña de Los Filabres, con las manos manchadas de tierra y los bolsillos llenos de hierbas silvestres, buscando en cada plato una manera de agradecerle a la vida todo lo que me ha dado.

Sin saberlo, ya estaba aprendiendo los primeros secretos del territorio y de la vida. A veces pienso que mi cocina nació entonces, entre las manos pequeñas de una niña que olía a plantas silvestres.

 

Más tarde estudié Psicología en la Universidad de Granada y en Würzburg, Alemania. Lo hice gracias a un sistema de becas, compaginando mis estudios con trabajos en hostelería. 

 

Mi espíritu inquieto me llevó a participar en Caravana por la Paz, una misión humanitaria en los campos de refugiados de la antigua Yugoslavia durante la guerra. Aquella experiencia me marcó profundamente: comprendí el valor de la empatía, el poder del alimento cuando hay hambre y la fuerza del ser humano cuando decide compartir.

 

Recuerdo aquellos días corriendo libre entre los olivos y almendros, buscando caracoles e hinojos con mi padre para cocinar después con mi madre la tradicional olla de trigo almeriense, construyendo cabañas con cañas, jugando con insectos y llenando los bolsillos de hierbas y flores silvestres. 

Nací en Almería en 1973, pero mi verdadera infancia transcurrió entre los montes de Los Filabres, ese lugar donde el viento huele a tomillo y el silencio sabe a tierra.

Soy la menor de cuatro hermanos, hija de Andrés e Isabel, dos sabios conocedores de la tierra que habitan, guardianes de la naturaleza y del sentido del trabajo bien hecho. De ellos aprendí a mirar el campo con respeto y gratitud, a entender que cada planta, cada piedra y cada animal tienen su propio lenguaje.

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